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Roberto “Chino” Cimbaro aportó 36 años de servicio como piloto en la Fuerza Aérea y otros 11 en vuelos comerciales de la mano de Aerolíneas Argentinas, sus 47 años de carrera lo han hecho merecedor de diversos homenajes incluso hasta ahora, fecha en la que al cumplir 65 años se jubiló.

La historia del piloto chaqueño quedó relatada por el periodista Hugo Martin para el portal Infobae, medio en el que Cimbaro relató cómo fueron sus vuelos durante la guerra y la paz, gajes de sus intensos años de trabajo que concluyeron este martes. Ayer, horas antes de su último vuelo, contó que realizó entre 7 a 8 misiones de combate, las últimas dos fueron las más arriesgadas.

A los 12 años, el hijo de Roberto y Ofelia -un maestro mayor de obras chaqueño y una enfermera correntina, ambos ya fallecidos, hermano de Norma y Eduardo, le puso alas a su destino y así comenzó a escribir esa historia que inició en el Liceo Militar General Belgrano de Santa Fe. “Enseguida descubrí que la tierra era aburrida, que no era para mí (ríe). Así que me pasé a la Fuerza Aérea. Fui a probar suerte a Córdoba, y en 1978 me recibí de aviador militar”, relató al medio citado. Los cursos que siguió, y su deseo de ser piloto de combate, hicieron que muy pronto se encontrara dentro de un Pucará.

Destinado en la Base Aérea III de Reconquista, en abril de 1982 lo esperaba para demostrar su valor. Un día antes de la recuperación de las islas Malvinas, Cimbaro y tres camaradas, a bordo de cuatro Pucará, fueron derivados a Río Gallegos, en la provincia de Santa Cruz. “No sabíamos a qué misión íbamos. Llegamos a las 2 de la madrugada y vimos un despliegue de tropas importante. Nos dimos cuenta que algo raro pasaba. Como habíamos volado toda la noche, nos fuimos a descansar. El 2 a la mañana, cuando nos levantamos, nos enteramos de la recuperación de las Malvinas. Y nos ordenaron prepararnos para cruzar al día siguiente a las islas…”

El 3 de abril, Cimbaro aterrizó en la Base Aérea Militar (BAM) Malvinas, la pista de Puerto Argentino. Tenía, entonces, 25 años. “Hasta ese momento no le había podido avisar a mis padres. Normalmente, cuando salía en una misión, llegaba, compraba cospeles y los llamaba: ‘hola mami, estoy en Mar del Plata…’, ponele. Pero en Río Gallegos no tuve tiempo de nada. Así que recién los pude llamar desde Puerto Argentino tres días más tarde. Había una oficina de Entel y sacábamos turno: primero los soldados, después los suboficiales y por último los oficiales. Nos daban tres o cuatro minutos para hablar. Mis padres ya habían telefoneado a la base después del 2 de abril, algo sospechaban. La otra forma de comunicarnos era por carta. Conservo algunas de chicos de escuelas chaqueñas y cada tanto las leo… Eso nos daba fuerzas”.

Fue así que comenzó a vivir uno de los grandes desafíos de su vida profesional y personal. Desde la guerra, nunca volvió a Malvinas. “No me haría bien por una razón: no me gusta tener que pedir autorización para ir a mi casa”, dijo.

Cimbaro tiene tres hijos, Verónica y Valeria, ambas tripulantes de cabina, y Federico que sigue sus pasos como piloto y teniente de la Fuerza Área. En 2010 se retiró de la Fuerza Aérea con el grado de Comodoro. Por su jerarquía en el escalafón, no volaba más aeronaves de guerra. Y le llegó la oportunidad de entrar en Aerolíneas Argentinas, empresa en la que trabajó hasta este martes.

“Pilotar un avión es mirar para abajo y decir ‘que grandioso es nuestro país’. Y por supuesto, estar en el cielo, que es algo único. Hasta el show de los rayos dentro de las nubes es una maravilla… ¿La verdad? Los que trabajamos en esto tenemos una oficina de lujo allá arriba”, concluyó.

Con información de Infobae

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