Ampliar
Videos, audios o fotos con info al 3624393128

Los menores arribaron en un taxi aéreo al Aeropuerto de Ezeiza durante la madrugada del viernes.

En una travesía que incluyó una escala en San Pablo y tuvo como punto de partida el Aeropuerto Internacional de Dar es-Salaam (Tanzania), los hijos de Fernando Morales, el médico argentino que vivía en Tanzania y falleció el 5 de mayo pasado, regresaron a la Argentina tras permanecer más de 17 días en el país africano y pudieron reencontrarse con su madre.

Todo ocurrió esta madrugada en el Aeropuerto de Ezeiza, en donde Juliana y Ariel, de 12 y 8 años, lograron fundirse en un abrazo con su madre, sin besos y con barbijos, tras permanecer en soledad durante 17 días en el país africano y más de dos meses sin verla.

Los menores quedaron solos debido a que Crymy, su madre y esposa de Morales, había viajado a Buenos Aires a principios de marzo para acompañar a su suegra. Crymy, de manera repentina, se quedó a cargo de su sobrino por la muerte del hermano de Fernando, quien tenía 48 años. A los pocos días, específicamente el 20 de marzo, el presidente Alberto Fernández dictó el aislamiento social, preventivo y obligatorio: el país había cerrado sus fronteras, Crymy debió quedarse en el país y los niños, junto a su papá.

El 5 de mayo, cuando se confirmó la muerte de Morales, las primeras especulaciones rondaban en torno a un posible contagio de coronavirus y que esta había sido la causante del deceso. Luego, tras el hisopado que descartó la presencia de la enfermedad, Juliana y Ariel fueron autorizados a regresar a la Argentina para estar con su madre.

“Esta madrugada llegaron al país los hijos de Fernando Morales, el médico argentino que vivía en Tanzania con su familia y falleció mientras su esposa se encontraba en Argentina. Es una tranquilidad que ya estén de vuelta con su mamá”, redactó Felipe Solá, canciller argentino, en su cuenta de Twitter.

El hombre de 52 años falleció en la madrugada de aquel día mientras esperaba que lo trasladaran a un clínica en Sudáfrica. Tenía antecedentes cardíacos y pulmonares, por lo que se barajó, en primer lugar, la chance de su muerte la haya originado el COVID-19. Tras el estudio negativo, las suposiciones de su entorno íntimo indicaban que Fernando había muerto por la complicación de un cuadro agudo de malaria.

En la reconstrucción de los hechos, se sabe que el lunes 4 de mayo por la mañana ingresó a una clínica privada con un malestar agudo. No podía respirar, tampoco hablar. Al ingresar al sanatorio le hicieron un test de malaria. Le dio negativo, pero era un falso negativo: el medicamento que había tomado días atrás, cuando sí le había dado positivo, ya había hecho efecto. A las seis de la tarde, lo trasladaron al hospital con la ilusión de conectarlo a un respirador artificial. A la madrugada del día siguiente murió.

Tras conocerse la noticia, los ministerios de Relaciones Exteriores y Culto, Salud y Transporte, mediante la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), habían autorizado el vuelo el 18 de mayo para que los chicos sean repatriados junto a su acompañante, María Victoria Ballve Bengolea.

Tras la autorización y gestión realizada por la Embajada de Argentina en Kenia, los menores retornaron junto a las cenizas de su padre.

Morales nació el 15 de agosto de 1970 en San Isidro y estudió en el Colegio Martín y Omar. Al igual que su papá, eligió la carrera de Medicina que cursó en la Universidad de Buenos Aires (UBA). Tras su graduación, en 1996, trabajó un par de años ad honorem en el Hospital Muñiz y luego se sumó a la organización Médicos Sin Fronteras (MSF).

A África llegó hace 25 años. Primero estuvo en Sierra Leona y, después, se radicó en la ciudad de Dar es-Salaam, donde trabajaba como médico en ICAP, una ONG de la Universidad de Columbia que brinda servicios integrales para combatir el HIV y en iniciativas de fortalecimiento del sistema de salud en comunidades vulnerables. En Mozambique, hace 18 años, conoció a Crymy, con quien contrajo matrimonio y tuvo a sus hijos.

Infobae relató que en junio de 2019 se casaron frente a las costas del océano Índico. “Me dijo que lo hacía porque Crymy era el amor de su vida y porque si le llegaba a pasar algo a él les dejaba las cosas más ordenadas a ellos”, confesó su amiga.

En su carrera laboral se desempeñó como asesor técnico senior del VIH y en la gestión de subvenciones del programa nacional contra el sida para el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de los Estados Unidos, en Kigali, Ruanda. En 2010 también fue consultor principal para Sudán del Norte en una acción de Naciones Unidas contra el VIH (ONUSIDA).

En 2011 asumió como director de la organización Elizabeth Glaser Pediatric AIDS Foundation (EGPAF) en Mozambique, una entidad sin fines de lucro dedicada a erradicar el VIH pediátrico a través de programas de prevención y tratamiento, investigación y defensa. En su rol, se encargaba de administrar la cartera de proyectos, brindar supervisión técnica y coordinar acciones en comunión con el Ministerio de Salud, socios y colaboradores.

 

Infobae.

Leer más...