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Hace un año, las calles se llenaron de mujeres y hombres aunados en un reclamo inflexible para que las autoridades competentes pongan fin a los femicidios, es decir, al asesinato de identidades femeninas como consecuencia de crímenes de odio. La marcha “Ni Una Menos” devino en un día histórico. 
 
Desde entonces, una serie de cuestionamientos han atravesado el discurso que pretende empoderar la lucha contra la violencia de género. La violencia es violencia, independientemente de sobre quién sea ejercida, nos dicen, sin comprender que el porcentaje de casos de crímenes de odio contra identidades masculinas es ínfimo en comparación con los perpetrados contra las mujeres. Para comprender este fenómeno, es necesario también entender que la comisión de dichos delitos engloba en forma holística a la imagen de la mujer y su rol social preestablecido por una cultura hegemónica.  Alcanza a cualquier persona cuya identidad de género se incline por lo femenino, independientemente de su sexo biológico. Existe un razonamiento similar en torno a la inexistencia de, por ejemplo, una “marcha del orgullo heterosexual.”
 
Tras la multitudinaria marcha del 3 de junio de 2015, de la que participaron millones de personas alrededor del mundo, el foco ha sido puesto en la violencia ejercida sobre lo femenino. En noticias más recientes, el mundo de la música se ha visto envuelto en escándalos relacionados a abusos sexuales perpetrados por los propios ídolos.
 
Diario TAG tuvó la oportunidad de recibir una explicación detallada del asunto de parte de Zabo Zamorano, escritor y conductor de Much Music Latinoamérica. “Después de hacer públicas las denuncias en Tu Much, quisieron silenciarnos. Muchos artistas no se animan a hablar porque las personas involucradas son amigos y colegas” explica Zabo. Sin embargo, el medio escogido por las víctimas para hacer público su testimonio fue justamente YouTube, es decir, una red social donde los artistas del ámbito musical han encontrado su nicho hace años.
 
Tras darse a conocer públicamente el video donde Mailén acusa de abuso sexual a Migue, voz líder de la banda indie La Ola Que Quería Ser Chau, otros casos fueron saliendo a la luz. No obstante, todo este asunto se ha dado durante décadas en este ámbito donde el fanatismo y la desinformación le juegan una mala pasada a las y los adolescentes. 
 
No es inusual ver a líderes de la música involucrarse sentimentalmente con personas a quienes doblan en edad, pero el asunto que nos resulta mucho más escabroso permanece en camarines.  “Pasado el primer momento de sorpresa, me di cuenta de que había muchos más casos. Fue feo enterarme que estaban involucrados colegas a quienes conozco desde hace muchos años” comenta la cantante Érica García. “Antes, la violencia estaba naturalizada, creíamos que era normal que un hombre fuera violento verbalmente”. A lo anterior, Iván Chausovsky, gestor cultural y actual cara visible del evento ‘Te Re Cumbió’, agrega: “Esto está tan naturalizado que sólo podemos darnos cuenta cuando aparece una piba en una bolsa. El morbo y la admiración son factores presentes en este consenso social de las situaciones de abuso, sostenido por micro-machismos, como el ‘damas gratis’ de los eventos.”
 
Por su parte, Diego Pérez, integrante de Tonolec, sostiene que, en principio, esta cuestión tiene que ver con “el abuso de poder en situaciones donde hay admiración.” Es menester entender que el fanatismo pone a una persona en una situación de vulnerabilidad a nivel psíquico. El fan llega a ver a su ídolo casi como una deidad y, en muchos casos, faltos de la información adecuada, entiende que ese ídolo tiene, a causa de su talento artístico, una suerte de potestad sobre su cuerpo. “Las nenas de Sandro” son un claro ejemplo de la sexualización del fanatismo al que los medios de comunicación siempre han interpretado como una cuestión hilarante, desvistiéndolo del verdadero peso que tiene el hecho de que una persona interprete que su cuerpo es propiedad de su ídolo. “Los medios de comunicación son responsables de desinformar a los adolescentes en cuestiones relacionadas a la sexualidad y las drogas”, opina Emiliano Khayat, actual integrante de Peina Catú y colaborador de Tonolec. “Son estos mismos medios los que venden una imagen desproporcionada de la adolescencia. Hay un salto desde la infancia a la adultez, al joven no se le da tiempo para madurar.”
 
Es evidente que la generación millenial maneja una serie de códigos completamente distintos a sus predecesores. Las redes sociales, en las que han estado inmersos desde temprana edad,  les han permitido recabar mayor cantidad de información. Sin embargo, el problema subyace en el origen de la misma y en el análisis crítico que un adolescente pueda hacer sobre todo aquello que se encuentre a su alcance. Desde el punto de vista de la informática, un mayor volumen de datos genera un mayor retardo en el procesamiento de los mismos. Si sumamos esto a la fugacidad del interés, característico de la cultura de la imagen, se obtiene un resultado, cuanto menos, alarmante, sino peligroso. 
 
Lo cierto es que lo sexual siempre ha estado presente en el ámbito de la música. Lyla Peng, fashion dealer a cargo de la estética de “Chances”, álbum de los reconocidos Illia Kuriaky and the Valderramas, cuya tapa del disco muestra una decena de doncellas desnudas junto a los cantantes Dante Spinetta y Emmanuel Horvellieur, comenta su experiencia laboral. “Las fotos se hicieron en invierno. En todo momento, tanto Dante como Emmanuel estuvieron preocupados principalmente por el bienestar de las modelos.” Afortunadamente, este profesionalismo todavía es moneda corriente y es por ello que tamaña noticia acerca de los abusos shockeó tanto a los personajes del mundo de la música. 
 
La mujer como “objeto decorativo” viene siendo combatida desde hace décadas, lucha encarnada en el discurso feminista que promulga la equidad sexual, económica y política de los géneros y que el discurso hegemónico intenta vapulear. El problema con lo decorativo es que es bonito, pero mudo. Resultó impactante la tapa de Revista Noticias donde la primera dama, Juliana Awada, fue presentada como la cara del retorno de la mujer decorativa.  Las mismas redes que sirvieron como nexo entre el testimonio de las víctimas de los artistas abusadores, se encargaron esta vez de viralizar y condenar el asunto. “Hay mérito en este entramado social-virtual que evita que los acusados tengan la facilidad de hacer desaparecer los testimonios”, indica Tomás Ferrero, leading voice de Rayos Láser, al ser cuestionado sobre el motivo por el cual este tipo de noticias parece emerger cada vez con más frecuencia. A esto, el cantautor Seba Ibarra agrega: “Ha entrado en circulación una gran cantidad de información sobre sexualidad y autorespeto, sumado al reconocimiento de ciertos derechos de grupos históricamente vulnerables.” 
 
Desde lo publicitario, que presenta un estereotipo de lo femenino que responde a una imagen alejada de lo real y generalmente intervenida por la obra del retoque y el maquillaje, a lo contractual laboral, donde todavía existen diferencias salariales entre hombres y mujeres por igual desempeño, casi no existe ámbito donde el sexismo no se haga presente. Afortunadamente, las víctimas han comenzado a hablar, pero ¿qué ocurre cuando no sólo hablamos de mujeres, sino también de mujeres menores?
 
A colación, Ricardio Iorio, voz de Almafuerte, siempre comenta que, al enterarse que Wolfy, seguidora de la agrupación y amiga por alrededor de diez años, se había puesto de novia, lo que más festejó de la relación es que ambos tuvieran la misma edad. Como dijimos, es común ver casales con diferencias generacionales abismales en este ámbito; lo llamativo, sin embargo, es que se ha naturalizado una verticalidad etaria hombre-mujer, mientras que una inversión de sentidos que presenta a una mujer madura con un hombre joven siempre despierta comentarios, generalmente denigrantes. “Cuando mis padres se casaron, ella era menor de edad”, cuenta la artista del indie Mariana Paraway. ¿Acaso estamos seteados culturalmente para aceptar dicha verticalidad? “Existen culturas donde las niñas son obligadas a casarse a los nueve años y nadie está haciendo nada al respecto. Eso es pedofilia” denuncia Max Jones, voz de Pulpo Negro y líder de Mil Tormentas, agrupaciones del under del rock. 
 
No obstante, y en esto existe un consenso general, muchos menores eligen – o se creen con la capacidad de elegir conscientemente, todo depende de la perspectiva desde la que se aborde el tópico – tener sexo con adultos mayores. “Debe discutirse la iniciación sexual de los jóvenes de hoy. Sus mentes no parecen estar preparadas para afrontar de manera crítica lo que la ‘primera vez’ conlleva. Me parece más positivo la concepción de una idea de educación sexual integral donde se visibilice también el concepto del abuso para alertar y dar voz a quienes no la tienen, proteger a la víctima” opina Mariana Paraway. 
 
Los medios de comunicación funcionan como rieles para transportar la maquinaria publicitaria que sexualiza el consumo. Esto deviene en el mandato imperativo de una iniciación precoz por parte de los jóvenes . “La exigencia de vender tickets también empuja a algunos artistas a presentar su trabajo en forma erótica, independientemente de su género o inclinación sexual”, comenta Seba Ibarra, y agrega: “en un recital emerge una sensación de enamoramiento  y el artista adopta una imagen similar a la de un líder de manada. Siempre hay una seducción, sutil o directa. Sin embargo – y afortunadamente – estamos entrando en el camino que pondera el derecho colectivo por sobre la figura artística.” 
 
Hoy, a un año de la histórica marcha Ni Una Menos, entendemos que todavía queda mucho camino por recorrer, pero celebramos la novedosa apertura al diálogo que cuestiona desde una mirada crítica el estado de las cosas. Tal vez no sea nuestra generación la que atestigüe el cambio de paradigma, pero somos conscientes de que la mecha está encendida y la resistencia cultural al discurso patriarcal y hegemónico es un engranaje activo. Por lo pronto, hoy volvemos a encontrarnos en la calle.
 
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