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Las prisas para llegar a tiempo a la oficina, una reprimenda del jefe o una discusión familiar son situaciones de la vida cotidiana que generan estrés y ansiedad. En la sociedad actual se prima la inmediatez por encima de todas las cosas y, con el tiempo, este ritmo tan frenético genera problemas en la salud física y mental de las personas.

Sin embargo, en medio de esta sociedad aparecen técnicas como el mindfulness, capaces de reconectar a las personas con su conciencia y visualizar desde una perspectiva neutral todos los pensamientos y sentimientos del día, disminuyendo el estrés y tomando mejores decisiones en la vida. En IEPP se desvelan todos los detalles de cómo aprender y poner en práctica esta filosofía para aumentar el bienestar físico y emocional.

 

¿Qué es el mindfulness?

El mindfulness es una filosofía de vida que surgió hace 2.500 años del budismo. Esta forma de ver la vida incluye la meditación, pero el mindfulness y la meditación son dos cosas distintas que, a menudo, se confunden.

Aunque el mindfulness se haya creado a raíz de las tradiciones budistas relacionadas con la espiritualidad y la meditación, es una filosofía que no está ligada a ninguna religión, ya que tiene como objetivo, mejorar el bienestar y la calidad de vida de la gente sin entrar en temas relacionados con las religiones.

Esta filosofía consiste en centrar la atención en el presente, sin juzgarlo y sin intentar cambiar nada. La persona solo tiene que aceptar y ser consciente de lo que le sucede y lo que sucede a su alrededor, evitando distracciones.

 

Una práctica avalada por la ciencia

En 1979, un equipo de médicos encabezados por el doctor Jon Kabat-Zinn empezaron a emplear esta filosofía a modo de terapia para reducir el estrés en el Hospital de la Universidad de Massachusetts en Estados Unidos. Para ello, realizaron un programa de ocho semanas para ayudar a los pacientes a convivir con sus enfermedades incurables.

Además, diversos estudios han demostrado que, si se introduce el mindfulness en el día a día, se consigue una mejora en la salud física y mental. Sobre todo, es muy beneficioso para los niños; para desarrollar la resiliencia; para que las personas enfermas afronten su enfermedad; para conseguir determinados objetivos de salud, como disminuir el estrés y la ansiedad; para mejorar la concentración, el dolor y no permitir la entrada de pensamientos negativos.

De hecho, ciertos estudios neurocientíficos han confirmado que practicar mindfulness puede activar las conexiones entre la amígdala y la corteza prefrontal encargadas de controlar los pensamientos, las emociones y las acciones. A mayor conexión entre la amígdala y la corteza prefrontal menor será el riesgo de sufrir estrés o ansiedad.

Gracias al mindfulness, una persona tiene una relación estrecha consigo misma, con su cuerpo, sus pensamientos y sus emociones. Esto se consigue porque la persona se ve a sí misma como un observador de todo lo que le pasa a ella y a su entorno. Por tanto, la persona toma consciencia de lo que siente y piensa, y es capaz de alinear esos pensamientos y sentimientos para conseguir cualquier objetivo vital.

 

¿Cómo se aprende?

Para aprender esta filosofía de vida existen diferentes métodos como la meditación, la respiración, el yoga... Por tanto, la meditación es una forma de conseguir el mindfulness y el mindfulness es una filosofía de vida que se puede alcanzar con la meditación. El objetivo principal de esta práctica es que la persona tome consciencia de lo que le pasa y de lo que le rodea, poniendo especial atención a sus sentimientos, pensamientos y emociones.

Para comenzar a practicar el mindfulness es imprescindible ir poco a poco comenzando con unos minutos al día y luego llegando a los 30 minutos diarios, que es el tiempo recomendable. Por otro lado, es importante elegir un momento adecuado a cada día dependiendo de los hábitos y de los gustos de cada persona. En la misma línea, hay que elegir un lugar que esté exento de ruidos y distracciones, con una buena temperatura y que aporte bienestar a la persona.

Asimismo, es importante escoger un vestuario que permita a la persona moverse con naturalidad y adoptar una postura cómoda tumbado o sentado en el suelo con la espalda recta. Una vez adoptada la postura indicada, hay que centrarse en la respiración.

El aire, que entra de las fosas nasales, invade de oxígeno el cuerpo y es expulsado por la nariz junto con todos los pensamientos negativos. Si existen distracciones, hay que volver a tomar consciencia de la respiración. De esta forma, poco a poco será más fácil alcanzar el objetivo.

Mientras se realiza esta práctica, la persona tiene que dejar que salgan los pensamientos y las emociones, adoptando una actitud neutral y visualizarlos de manera impersonal. Sin discernir entre pensamientos positivos o negativos.

 

Encontrar la paz en tiempos de estrés

El mindfulness es una práctica difícil de alcanzar en los tiempos actuales donde el estrés y la inmediatez mueve el mundo. Pero, practicando cada día a modo de entrenamiento o rutina, cada vez será más sencillo lograr el objetivo.

Una vez adquirida la práctica, es fundamental trasladarla a las actividades que se realizan en la vida cotidiana. De esta forma, gracias a la incorporación del mindfulness en el día a día, la persona podrá tener el control de su vida sin dejar que los pensamientos o las emociones lo hagan.

Gracias al mindfulness, se enseña a controlar los impulsos y a mejorar la capacidad de estar en el presente, sin pensar en el pasado o en el futuro. De esta forma, se toma conciencia y se actúa en base a decisiones acertadas para cada situación.

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