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El Campocómico fue la propuesta teatral de la segunda entrega de las tres funciones programadas del ciclo Directores a Escena del mes de noviembre en la sala del Complejo Cultural Guido Miranda.

Cabe recordar que en esta ocasión son tres las propuestas artísticas dirigidas por el maestro José Luis Valenzuela. El objetivo del ciclo es presentar durante tres días consecutivos obras de un mismo director para su posterior análisis, en esta ocasión el director invitado que hará el análisis de las obras será el reconocido director Edgardo Dib.

Las tres funciones se realizan a las 20.30 horas y abrió el telón el martes 22 de noviembre la obra Escrito en el Agua, a la que Siguió en la noche del miércoles El campocómico y cerrará el ciclo este jueves 24 la obra Hush!

El campocómico: Diatriba agridulce sobre la salvación y el hundimiento

Obra de humor incorrecto inspirada en textos de Primo Levi.

Durante mucho tiempo se atribuyó al humor un papel liberador y aun libertario frente a las muchas opresiones que gravitan sobre los individuos en cualquier orden social o institucional. Los estudios de Mijail Bajtin, por ejemplo, nos habían acostumbrado a escuchar en la risa una estruendosa burla a los poderes. Sin embargo, no toda risa resquebraja cadenas y una carcajada bien puede ser la descarga oportuna para seguir soportando lo inadmisible.

El Campocómico nace de esa sospecha: no todo humor es corrosivo ni todo chiste es un arma al servicio del débil. Entre nosotros abundan los cómicos que, más que críticos de la corona, han sido sus bufones predilectos. El Proceso militar, el menemato y buena parte de la era posmenemista nos dieron suficientes prueba de ello, sin que haga falta recordar aquí nombres. 

De este modo, una de las fuentes de nuestro espectáculo es la tradición nacional de los contadores de chistes (lo que últimamente se ha dado en llamar stand-up comediante o "stand-ups", sacrificando precisión en beneficio del habla "fashion"), a los cuales quisimos rendir homenaje a la vez que los hemos invitado a acompañarnos a la zona gris de los moralmente inclasificables.

La segunda fuente de El Campocómico es precisamente esa común condición de "moralmente grises" que Primo Levi –sobreviviente del campo de Auschwitz- ha descrito en sus inquietantes testimonios sobre la reclusión terminal de los disidentes del régimen nazi y que no deja de salpicar a las almas bellas de todo color político. Ni blancos ángeles ni negros demonios, los seres humanos solemos ser tan buenas personas como las circunstancias nos lo permiten, y basta que nuestras seguridades se vean amenazadas para que nos broten ferocidades insospechadas. Cuando empezamos a desarrollar la idea de El Campocómico, justamente, los hechos de diciembre de 2001 habían actualizado la frase según la cual "un fascista es un burgués asustado". Como escribió alguna vez Félix Guattari: "No, las masas no fueron engañadas, ellas desearon el fascismo en determinado momento, en determinadas circunstancias, y esto es lo que precisa explicación, esta perversión del deseo colectivo".

Nuestra "grisura" nos torna selectivos, olvidadizos, siempre dispuestos a tropezar cuantas veces sea necesario con la misma piedra.

Alimentada por Primo Levi, Tadeusz Borowski, Juan Verdaguer, Rudy, Eliahu Toker, Norman Erlich y el Negro Alvarez, El Campocómico puede considerarse como una obra política o, mejor dicho, como una pieza de humor políticamente incorrecto, y se hace eco de la contundente admonición de Martin Luther King: "Cuando reflexionemos sobre nuestro siglo XX, no nos van  a parecer tan graves las fechorías de los malvados, como el escandaloso silencio de las buenas personas".   

Integran el elenco 

Actor: Javier Santanera

Iluminación: Pablo Aguirre

Vestuario: Claudia Solari

Luthier: Ariel Santanera

Dramaturgia: Javier Santanera – José Luis Valenzuela

Puesta en Escena: José Luis Valenzuela

 

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