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Hace un año, nadie imaginaba que el recién estrenado 2020 iba a sorprender desde marzo con un combo integrado por pandemia + cuarentena obligatoria + paralización de actividades + cierre de empresas + desvinculaciones de personal + suspensiones + alto desempleo. Aun así, de manera más sorprendente todavía, la debacle económica no impidió que en materia salarial el resultado fuera un año con el 90% de las paritarias firmadas, con aumentos del 32% en promedio.

¿Qué pasará con las negociaciones salariales de este 2021, con una economía que no termina de arrancar, una inflación indomable, el empleo en apuros y, para colmo, con la interferencia política y gremial que pueden representar las tensiones por las elecciones legislativas, la pelea para elegir a la nueva CGT y los comicios en 10 sindicatos clave para renovar su conducción?

Como todos los años, ya hay dos gremios que picaron en punta con los primeros sondeos para recomponer los salarios, la Asociación Bancaria y la Federación de Empleados de Comercio, aunque con realidades muy distintas que signarán más que nunca las paritarias de este año: existen actividades particularmente castigadas por la crisis económica y otras que pudieron amortiguarla.

Para Juan Luis Bour, economista jefe y director de FIEL, “la característica de las negociaciones salariales para este año será la dispersión porque vamos a tener dispersión en la actividad económica”. Y ejemplificó: “Habrá sectores a los que les va bien y tienen que dar aumentos, como en la industria, la construcción o automotores, pero las distribuidoras de petróleo están vendiendo menos porque la gente se mueve menos. ¿Y cuánto puede dar de aumento el comercio que vende zapatos? ¿Cuántos zapatos está vendiendo? ¿Qué aumento salarial se puede dar ahí? Es difícil en esos sectores”.

Los dirigentes de Comercio, encabezados por Armando Cavalieri, comenzaron las conversaciones con las cámaras con un reclamo de revisión de la paritaria 2020 mediante la incorporación al básico de los $5000 otorgados en noviembre y un 25% de aumento para el primer cuatrimestre, como para discutir el nuevo convenio, desde abril, con un reajuste anual del 37%. Los mismos sindicalistas admiten que no será fácil: hay muchos negocios cerrados y los que están abiertos, venden poco.

Sergio Palazzo, líder de la Asociación Bancaria, que mantiene sus números en secreto, ya pidió formalmente a los empresarios el inicio de las negociaciones 2021, luego de haber terminado la última paritaria con un 34% de aumento, una cifra algo por debajo de la inflación, pero aún así fue una de las más altas de todas las tratativas salariales del sector privado durante el año pasado.

“No hay lógica, desde el punto de vista productivo y económico, para que las paritarias sean muy distintas a las de 2020″, opinó el vicepresidente de la Unión Industrial Argentina (UIA), Daniel Funes de Rioja, quien preside la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL).

Destacó que “en las paritarias de 2020 nadie perdió mucho, más bien algunos sindicatos quedaron arriba en el año, no en el histórico, porque hubo negociaciones que arrancaron en reclamos del 20 o 25% y terminaron en acuerdos de entre el 30 y el 40% frente a una inflación que será del 35 o 36%”.

“Aun los que perdieron uno o dos puntos -agregó Funes de Rioja-, no deben olvidarse que en enero tuvieron el aumento de $4000 que no fue producto de convenios sino de una decisión del Gobierno y que se incorporó al salario, aunque es cierto que algunos trabajadores tuvieron horas extras y otros no, mientras que muchos estuvieron con licencia por falta de tareas y cobrando su sueldo”.

Javier Lindenboim, economista e investigador del Conicet, coincidió en la similitud entre el escenario de las paritarias del año pasado y el actual: “Es complicado imaginar el resultado de las tensiones que veo para este año, una continuidad y una profundización de lo que sucedió en 2020″, señaló.

Sostuvo que “es obvio que en circunstancias en que la demanda laboral está absolutamente comprimida y en que hay muchísima gente que se ha quedado sin trabajo, los trabajadores no protegidos no tienen una vinculación imaginable con las paritarias, pero quienes sí discuten las paritarias, tanto los trabajadores como empleadores, tienen conciencia de que hay una oferta abundante en el mercado del trabajo y eso condiciona las discusiones salariales, como también una dinámica económica sin miras de recuperarse significativamente”.

Como sucede siempre, una de las claves para las negociaciones salariales será cómo evoluciona la inflación. Ese factor condicionante hizo que en las paritarias 2020 la tendencia fuera pactar sumas fijas o porcentajes por períodos más cortos y con compromiso de revisión si el costo de vida se disparaba. Según Bour, “el primer parámetro que se tendrá en cuenta es cuánto fue la inflación de 2019: como el número va a terminar en 36 o 37%, a más de uno le va a resultar muy difícil porque se preguntarán si pueden proyectar que sus ingresos y sus ventas van a crecer un 36 o 37%”.

Para el economista de FIEL, las paritarias “se dificultan en los sectores de servicios o los trabajos intensivos que están perdiendo actividad y que tienen que mantener el empleo, como la hotelería y la gastronomía, y hay sectores donde la regla no es lo tradicional sino la ley de la selva, que es como funciona el mercado, es decir yo puedo o no puedo pagar”. Y advirtió sobre el riesgo adicional de que “la inflación se pueda disparar, aunque en realidad ya se está disparando: con una tasa de inflación del 3% mensual promedio da un acumulado del 42, y si la tasa, en lugar de 3 es 4, estás en 60, y con una proyección de inflación del 50% será difícil que los salarios crezcan 45 o 50%”.

Ese escenario inquietante se agrava porque Gerardo Martínez, jefe de la UOCRA y secretario de Relaciones Internacionales de la CGT, advirtió que “el planteo es, como mínimo, igualar a la inflación”, aunque admitió que las paritarias 2021 “dependerán de las contingencias sanitarias y del nivel de actividad”, que en la construcción comenzó a mostrar tibios signos de recuperación.

A nadie se le escapa, además, que el calendario político y sindical del año amenaza con interferir en las negociaciones salariales. Tanto las elecciones legislativas como la realización del congreso de la CGT para elegir nuevas autoridades y los postergados comicios gremiales pueden derivar en la sobreactuación de dirigentes sindicales para lograr ventajas en la pelea interna ante sus competidores, para exhibirse implacables ante los empresarios o mostrarse inflexibles ante el gobierno nacional.

Por ejemplo, será difícil que Rodolfo Daer no se muestre más intransigente en las paritarias porque buscará su reelección contra una lista trotskista y otra maoísta en las elecciones del Sindicato de Trabajadores de Industrias de Alimentación de Buenos Aires. Y Antonio Caló no tiene opositores internos, pero sí seccionales rebeldes, por lo cual seguramente se mostrará con más dureza ante los empresarios para obtener un mayor consenso entre los metalúrgicos en los comicios de la UOM. También deberán renovar sus autoridades este año otros gremios como bancarios, la Unión Ferroviaria, telefónicos, neumático, municipales porteños, docentes del SUTEBA y lecheros.

Según Bour, “siempre puede haber alguna guerra en algún sector para mejorar las posiciones”, aunque destacó que, “a nivel macroeconómico, la principal batalla por los salarios va a estar en tratar de frenar la inflación: si logran frenarla al 2,5% mensual, que es el objetivo, (los sindicatos) tendrían la posibilidad de un aumento del 35%″. Sin embargo, alertó sobre un aspecto decisivo: “Para lograr ese 2,5% mensual de inflación habría que congelar todos los precios”.

Lindeboim coincidió en el calendario electoral “también puede ser motivo de que aparezcan otros actores en el ámbito sindical que no han tenido cabida en los gremios más grandes, pero que en medio de esta situación compleja pueden irrumpir e influirán con una sobreactuación”.

“En 2014, cuando cayó una cantidad muy grande de empleos, aunque el Indec no lo reconocía, el ministro Carlos Tomada dijo que estábamos en un momento en el que había que cuidar los puestos de trabajo más que los ingresos -recordó el economista-. La dirigencia sindical histórica tiene muñeca como para manejar situaciones complejas como éstas en el sentido que lo decía Tomada: si hay que protegerlo, protegeremos el trabajo, lo cual, en criollo básico, significa: nos tendremos que tragar algunos sapos. En 2020 se habrán perdido otra vez algunos puntos de participación salarial en el Producto Bruto Interno y en 2021 no veo que esa situación se modifique”.

 

Fuente: Infobae

 

 

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