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Para el gobierno que encabeza Mauricio Macri la soberanía nacional no existe. Reemplaza la figura de nuestros próceres en los billetes emitidos por el Banco Central de la República Argentina (BCRA) por la fauna y la flora. Desconocer nuestra historia es parte de una estrategia destinada a perder nuestra identidad.
 
Cuando un pueblo no tiene sentido de pertenencia a un proyecto nacional, popular y democrático es caldo de cultivo de estrategias urdidas desde centros de dominación extranjeras que obviamente deben borrar de la mente de sus habitantes y ciudadanos el concepto de patria, de soberanía, de pueblo y de nación.
 
El viejo slogan de la Unión Industrial Argentina "sin industria no hay nación", empieza a destruirse sistemáticamente con la apertura indiscriminada de importaciones y la destrucción de la producción industrial nacional, lo cual provoca desempleo masivo y cierre de nuestras industrias. Son nuestros trabajadores que integran nuestro pueblo como sustrato de la identidad de nuestra Nación los que pierden su dignidad bajo el concepto que lo "importado es de mejor calidad", o "que la producción local es más cara".
 
Pero esto no es ninguna novedad. La negociación con los "Fondos Buitre" en condiciones ruinosas para el país ha sido la peor cesión de soberanía de nuestra historia reciente abriendo el tercer ciclo de endeudamiento entreguista a los bancos extranjeros y a las corporaciones multinacionales. Admitir una negociación por la explotación de recursos pesqueros, petrolíferos y mineros con el Reino Unido en el marco de una disputa de soberanía nacional constituye una claudicación sin precedentes y una falta de respeto por la sangre derramada por nuestros héroes en Malvinas.
 
Todas las acciones promovidas por el gobierno destinadas a "reinsertarnos en el mundo", significa lisa y llanamente una rendición incondicional a la hegemonía neoliberal y a la usura internacional, pues pareciera que la única inserción posible para estos estrategas en el plano internacional consiste en entregar patria y bandera sin hablar de dignidad nacional ni soberanía. Mientras el sistema financiero internacional hable bien de nosotros a costa del hambre del pueblo argentino, entonces existe "seriedad" en la política exterior para estos agentes cipayos vernáculos.
 
La única política exterior que se presume soberana es aquella que defiende el trabajo argentino, nuestra industria nacional, nuestro mercado interno, a nuestros productores, artesanos, industriales, y también a nuestros consumidores. Defender la patria, nuestra nación, nuestra soberanía no debe confundirse con aislacionismo sino como la preservación de nuestros intereses estratégicos.
 
Hoy 20 de noviembre celebramos el "Día de la Soberanía Nacional" porque hace 171 años, Juan Manuel de Rosas -jefe de la Confederación Argentina a cargo de las relaciones exteriores- dio batalla en el Combate de la Vuelta de Obligado ante los navíos poderosos del bloqueo anglo-francés.
 
El episodio en sí mismo es una derrota pues los invasores lograron pasar pese a las baterías instaladas en la costa y al hundimiento de barcos en el lecho del río para impedir su avance. Los invasores lograron quebrar las cadenas y desembarcar con fuerzas muy superiores a las criollas pese al heroísmo de nuestras tropas.  Los barcos de guerra iban seguidos de barcos mercantes con destino final en nuestro litoral y en Paraguay pero sufrieron nuevos ataques en San Lorenzo y Tonelero que indujeron a la decisión de regresar sin cumplir la finalidad mercantil. San Martín en una carta condena la "intervención e injustísima agresión y abuso de la fuerza" por parte de Francia e Inglaterra. Pero esta derrota se transformó en la victoria por no ceder ante las presiones extranjeras de nuestra soberanía sobre los ríos interiores.
La histórica lucha por la distribución de la renta aduanera y la libre navegabilidad de los ríos interiores desembocó en la batalla de Caseros en virtud del enfrentamiento entre Rosas y Urquiza que se da en un contexto de cambio de la estructura económica agudizando la puja entre los ganaderos de Entre Ríos y de Buenos Aires por la expansión de la cría de ganado ovino en reemplazo creciente del tasajo o carne salada  y el desarrollo de los saladeros producto de la reducción de la esclavitud como sus principales demandantes. Comienza una etapa de modificación de costumbres tradicionales, de alambrar campos y de importar reproductores de raza.
 
Urquiza como potente ganadero entrerriano requería quebrar el monopolio porteño para comerciar libremente por los puertos propios y ríos interiores, posibilitando también la libre circulación de oro y armamento. Su alianza desde la provincia de Entre Ríos con Montevideo y Brasil para combatir a Rosas también es parte de una estrategia principalmente inglesa de mantener la Banda Oriental como territorio independiente en el marco del uso estratégico de su infraestructura portuaria como objetivo de dominación permanente del teatro de operaciones. La cría de ovinos, las exportaciones de lanas directamente a Europa desde sus propios establecimientos a los buques promueve la acción política que se concreta el 29 de marzo de 1851 por parte de Urquiza para avanzar hacia Caseros para mantener la independencia de Uruguay, eliminar el bloqueo que impone Oribe y elegir un nuevo gobierno.
 
Este breve análisis de nuestra historia nos permite visualizar la sinuosidad de nuestros caminos cuando los intereses contrapuestos en pugna muchas veces conspiran con nuestro ejercicio soberano. Caseros es parte de esa puja en donde la soberanía nacional también está en juego pues no se trata solamente de la lucha entre unitarios y federales ni en confrontaciones entre fuerzas federales, sino en la vigencia de principios inalienables para el país.
 
El contexto anterior del bloqueo francés en 1838 y el acuerdo de la Confederación Argentina mediante sendos pactos propiciados por el Ministro Arana en 1849 (Arana-Souhtern) y 1850 (Arana-Lepredour) con Inglaterra y Francia respectivamente permitieron la resolución definitiva del conflicto manteniendo nuestros principios soberanos. El legado de San Martín a Rosas del sable de su campaña libertadora es fiel testimonio de reconocimiento de nuestro ilustre libertador bajo el principio de "seamos libres, lo demás no importa nada".
 
Este mes de noviembre nos encuentra unidos en defensa de nuestras más profundas convicciones para reivindicar nuestra soberanía. Celebramos el Día de la Tradición y celebramos el Día del "Pensamiento Nacional" en homenaje a Arturo Jauretche.
 
Reconocemos a Rosas en la defensa de nuestra soberanía pero mantenemos nuestras diferencias en la concepción global del desarrollo auténticamente federal de nuestro país y de la falta de un modelo de industrialización que defienda las producciones regionales y a nuestros artesanos e industriales de "tierra adentro".
 
Frente a un gobierno que prefiere los discursos edulcorados de las potencias extranjeras, que olvida a nuestros héroes de Malvinas, que borra de la memoria argentina esta fecha pues no cree en la soberanía  y prescinde de nuestra identidad, nosotros reivindicamos la defensa de nuestra soberanía, de nuestra patria y de nuestro pueblo. 
 
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