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Las medidas de endurecimiento y control por la propagación del virus Covid-19 con el regreso a la Fase 1 en Chaco, trae incertidumbre a los comerciantes y consumidores locales.

A medias puertas abiertas y con una fuerte apuesta en lo digital, desde los comercios más nuevos a los más antiguos -y con ellos sus clientes- han tenido que adaptarse a las nuevas formas de venta y reglas de convivencia para pasar a la próxima fase: la “¿nueva normalidad o anormalidad?”.

Este proceso no es fácil. Por eso, Diario TAG recorrió las calles comerciales de la ciudad y dialogó con dueños y empleados, para conocer la situación.

“El problema no es la cuarentena, es la pandemia”, repite Norma, dueña de un local de productos estéticos, que tras 100 días de asilamiento obligatorio ya gastó todos sus ahorros para sostener su local. “Yo abro por una necesidad. Nos manejamos por delivery e implementamos todas las disposiciones del Gobierno, pero no vendo ni el 10% de lo que vendía”, asegura.

Para Norma el cliente respeta las medidas de bioseguridad cada vez que retira sus compras. “Estamos preparados para salir adelante y cumplir los protocolos, si nos fijan pautas claras nosotros y el cliente podemos cumplirlas”.

El 1 de julio, Chaco ingresó a una nueva etapa de la cuarentena con más restricciones. Pese a ello, las medidas para los comercios “no esenciales” no se modificaron y las ventas por delivery con horarios reducidos continúan siendo la única forma de subsistir.

Esther es dueña de una mercería con más de 50 años de trayectoria. Para ella vender online “es todo un desafío”. Su cartera de clientes está compuesta, en gran porcentaje por adultos mayores. “No todos los clientes están preparados para comprar por WhatsApp”, en este sentido agregó que “estamos preparados para abrir” con todas las medidas de bioseguridad.

La postal de la peatonal con gente caminando de un lado a otro quedó en los recuerdos. Hoy, frente a cada local que abre sus puertas a medias, se forman largas filas de clientes que buscan lo necesario. Desde adentro sale el olor a alcohol, una mano con una bolsa que el cliente recibe y se retira.

La incomodidad de la ventanita o puertita, limita el consumo a las necesidades básicas del momento dejando atrás la posibilidad de “ver qué más puedo llevar”.

Los moto delivery pasean por los barrios llenos repartiendo compras, aunque eso -para la mayor parte de los comerciantes- no alcance.

 

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