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Fuimos a comprobar lo que distintos lectores nos habían relatado: el abandono lamentable del Parque Laguna Argüello, ubicado en el perímetro que conforman la avenida Paraguay, la avenida Vélez Sársfield y el Nuevo Hospital Pediátrico, en Resistencia. 

Fue un ícono de generaciones pasadas de resistencianos que hasta lo usaban para pasear por sus aguas, luego pasó al olvido, más tarde fue una zona de permanentes inundaciones, hasta su recuperación que data inicialmente de la década de los 90. En los últimos años, se convirtió en ícono naranja de la gestión de la exintendente Aída Ayala, zona de recreación para cientos de vecinos, pero también el lugar elegido para actos políticos, cierres de campaña de esos que erosionan de una sola pisada el verde del suelo, y para la venta de comida ambulante, diurna y nocturna.

El parque muta, sistemáticamente, entre etapas de cuidado y momentos de literal desidia por parte de las autoridades municipales. Ahora, le toca una de esas, lamentablemente para vecinos de la zona y visitantes. 

Escenario de una parquización incompleta y sin planificación (como casi todo), en días posteriores a una lluvia es casi imposible caminar el parque sin llenarse de barro. Hay pocos senderos, y los pocos que hay están sin mantenimiento. 

Pero será una enumeración feroz de defectos la que describa mejor el estado actual del histórico emblema de la capital chaqueña: pastos altos, basura desparramada, basura acumulada en sectores donde se forman poco a poco mini basurales, más residuos en las aguas de la laguna, botellas, empaques de comestibles, hasta preservativos que flotan entre los camalotes ancianos y enormes que nadie quita

Mirá la galería con fotografías exclusivas de la Laguna Argüello: Un paseo de terror: recorrido fotográfico por el Parque Laguna Argüello

Medidores de luz sin protección, cables sueltos, cables pelados a la altura de cualquiera que transite por allí; vidrios en el suelo, basureros destruidos, bolsas rotas cuyo color naranja, por esto de los ciclos políticos, delata que están allí desde hace un tiempo considerable.

Hay carteles que anuncian actividades, zonas y servicios que no existen, una antena de Wifi que se ríe de los intentos de conexión, un letrero que indica el inicio invisible de un sendero aeróbico fantasmal y cinematrográfico; un puente de madera para cruzar las aguas que no tiene baranda y que permanecerá así hasta que alguien, acaso, caiga a la mugre en la laguna. Juegos para niños destruidos, con clavos oxidados esperando la sangre; pozos peligrosos, aguas de cloaca que aparecen de cuando en cuando.

Y la pregunta de rigor: ¿Cuáles serán los planes de la Administración Capitanich para este parque abandonado? Ir al Parque Laguna Argüello será, hasta nuevo aviso, un paseo de terror. 

 

 

 

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