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En el marco del fenómeno conocido como Ola de Calor, un estado del tiempo con altas temperaturas y extremadamente húmedo que persiste durante varios días sucesivos durante el verano, brindamos una serie de recomendaciones para evitar un golpe de calor y cómo actuar en caso de que ocurra.

Estas condiciones aumentan la probabilidad de sufrir un golpe de calor, que es el aumento de la temperatura del cuerpo debido a una exposición prolongada al sol (insolación clásica) o por hacer ejercicios en ambientes con poca ventilación, al punto que el cuerpo pierde agua y sales esenciales para su buen funcionamiento.

MEDIDAS DE PREVENCIÓN

Por esto es importante adoptar medidas para evitar este trastorno de la salud. Para ello, el Ministerio de Salud de la Nación puso a disposición algunas recomendaciones:

Permanecer en espacios ventilados.
Tomar agua con mayor frecuencia durante el día.
Evitar la actividad física intensa.
Evitar bebidas con cafeína o con azúcar en exceso, muy frías o muy calientes.
No exponerse al sol en horarios centrales, entre las 10:00 y las 16:00 horas. En caso de exposición, aplicar protector solar 30 minutos antes de cada exposición y renovarlo cada 2 horas mientras se está al sol.
Evitar comidas muy abundantes o pesadas. Una buena alimentación previene enfermedades crónicas, cardiovasculares y algunos tipos de cáncer: consumir dos frutas y tres porciones de hortalizas por día.

A los bebes:

Los menores de un año deben permanecer siempre a la sombra: evitar por completo la exposición al sol directo.
Bañarlos y mojarles el cuerpo con frecuencia.
Procurar que vistan con ropa holgada, liviana, de algodón y de colores claros (puede convenir, incluso, que estén sin ropa).
No esperar que pidan agua. Ofrecerles continuamente líquidos: agua fresca y segura o especialmente jugos naturales. En el caso de lactantes, es recomendable darles el pecho de manera más frecuente.

SÍNTOMAS

Algunos de los síntomas que se presentan: sed intensa y sequedad en la boca, temperatura mayor a 39º C (medida en la axila), sudoración excesiva, sensación de calor sofocante, piel seca, agotamiento, cansancio o debilidad, mareos o desmayo, vértigo, calambres musculares, agitación, dolores de estómago, falta de apetito, náuseas o vómitos, dolores de cabeza (sensación de latido u opresión), estado de confusión, desorientación, delirio o incluso coma o convulsiones.

Los grupos más vulnerables son las embarazadas, bebés y niños pequeños, personas mayores y personas con enfermedades crónicas (afecciones cardíacas, renales o neurológicas).

¿Cómo debemos actuar si ocurre?

Es importante actuar rápidamente. En primer lugar se debe intentar bajar la temperatura del cuerpo de la persona afectada, con hielo o con un baño en agua helada.

Además es importante:

Ofrecer agua fresca (o incluso agua con una cucharadita de sal)
Trasladar a la persona a un lugar fresco y ventilado
No administrar medicamentos antifebriles
No friccionar la piel con alcohol

El golpe de calor puede ser muy grave, en especial para los bebés y niños pequeños. Por eso, ante los primeros síntomas se aconseja consultar al médico o acercarse al centro de salud más cercano.

¿Quiénes son los más vulnerables?

Cualquier persona puede ser víctima de un golpe de calor. Sin embargo se debe tener especial cuidado con los siguientes grupos ya que tienen mayor riesgo de padecerlo:

Bebés y niños especialmente menores de 1 año (ya que su cuerpo tiene menor capacidad para regular su temperatura).
Bebés que padecen de fiebre por otras causas, o diarrea.
Personas con enfermedades crónicas (afecciones cardíacas, renales o neurológicas).
Niños obesos o desnutridos.
Personas que tienen la piel muy quemada por el sol.
Jóvenes que abusan de bebidas con alcohol y de drogas.
Personas mayores.

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