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El intendente Jorge Capitanich escribió una nota en la que se refiere a las consecuencias que dejaron las lluvias en los cultivos, principalmente en el sudoeste de la provincia.

A continuación se reproduce la nota:

El quiebre de la economía productiva, la ruptura de la cadena de producción y pérdidas aún incalculables, son las primeras consecuencias de la histórica emergencia hídrica que padece la provincia del Chaco. Si bien el desastre climático abarca a casi todo el territorio chaqueño, los mayores daños se concentran el Sudoeste provincial, donde técnicos de ese gran domo productivo estiman en más de 200 millones de dólares los cultivos que quedaron bajo el agua.

Sin cuantificar los daños en ganadería y otras actividades productivas, los profesionales indican que los cultivos que quedaron sin posibilidades de recuperación se ubican en el área de la ruta nacional 89, desde Corzuela a Gancedo. Esta región abarca unos 60 kilómetros al Oeste de ruta 89 y 50 kilómetros al Este de la 89.

“A ello habrá que sumar las pérdidas en ganadería y, lo que nadie aún se detiene a analizar, las tremendas consecuencias sociales, económicas y productivas que impactará en las ciudades de una de las cuencas productivas más importantes que tiene Chaco”, analizó el actual intendente de Resistencia y exgobernador del Chaco, Jorge Capitanich.

La actual, será la segunda pérdida de cosecha consecutiva, ya que en enero se perdió el girasol. En este sentido, el exjefe de Gabinete de Ministros de la Nación analizó las consecuencias inmediatas de esta catástrofe. Así, explicó que generará el quiebre de una economía productiva que cada seis meses inyectaba un importante flujo de dinero al movimiento de los pueblos.

Además, la ruptura de toda la cadena de producción por el deterioro de caminos, la imposibilidad de ingresar cosechadoras, transportes, acarreo, no habrá ventas, incremento de costos en cada campo y la salinización de las tierras. “Las consecuencias de esta inundación no se terminan con la salida del sol”, destacó.

“La gravedad de la situación se profundizará porque habrá productores quebrados, descapitalizados y muy endeudados; suelos con un alto potencial de rendimiento agrícola afectados por la salinización; ganaderos con pérdidas por parasitosis varias, mortalidad, pérdida de preñez; y comercialización de animales a bajos precios”, detalló Capitanich.

 

Campos convertidos en pileta

La ruta 89 impide el normal drenaje de las aguas pluviales y se erige como un dique de contención lo que provoca –como primera consecuencia – que miles de hectáreas de cultivo queden bajo el agua. Las estimaciones de técnicos de esta cuenca productiva dan cuenta de 400.000 hectáreas de cultivo con pérdidas totales. De este total, el 70 % fue sembrado con sojas que están a una semana de la cosecha, las que no se perdieron. Esto equivale a 280.000 hectáreas. Además, otras 120.000 hectáreas repartidas entre algodón, maíz y, en menor superficie sorgo.

Finalmente, recordó que producir una hectárea de soja tiene un costo de 470 dólares, por lo que la inversión de los productores en este domo productivo se estima, para la oleaginosa en 131.600.000 dólares. A su vez, producir una hectárea de algodón tiene como costo aproximado unos 560 dólares. “Necesitamos de la solidaridad de todos. El agua no distingue colores políticos, partidarios, de religión o raza. Es momento de trabajar todos juntos por nuestros hermanos damnificados, extender el brazo solidario y una mirada especial para todos ellos”, concluyó el jefe comunal de Resistencia.

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