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Niñas-madre
Niñas-madre
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Por Cecilia Gonzalez | Ser una niña-madre no es motivo de festejo. Desde ningún punto de vista se puede celebrar el embarazo ni la maternidad de una nena que debería preocuparse por estudiar y por jugar, en vez de por cuidar a otro niño, tras haber sido vulnerada su inocencia.
 
Si se parte de la idea de que la maternidad es algo que debería ser lindo, tierno y noble pero que conlleva mucha responsabilidad porque una mujer tiene que prepararse para ser madre y esto, a su vez, implica poder criar a ese bebé que va a nacer, entonces no se puede obligar a una niña a seguir un embarazo, porque de ninguna manera está preparada, ni a ser madre para toda la vida, violando sus derechos y sus futuras decisiones, y alterando sus relaciones sociales futuras, sus posibilidades de desarrollo y el potencial de generación de ingresos.
 
En junio de 2017, UNICEF presentó un informe denominado “Embarazo y Maternidad en Adolescentes y Menores de 15 años. Hallazgos y desafíos para las políticas públicas”, según el cual en Argentina cada tres horas una nena de entre 10 y 14 años se convierte en madre, un 3,6 sobre cada mil de los 770.040 nacidos en el país.
 
Chaco es una de las provincias que encabeza la lista de niñas-madre, junto con Formosa y Misiones, donde la tasa de fecundidad es de 5,18, mientras que en la Ciudad de Buenos Aires, por ejemplo, llega al 0,39. Las cifras son oficiales del año 2015, que son las últimas disponibles y no varían demasiado de las de hace diez años atrás.
 
La asociación sin fines de lucro Planned Parenthood Global, la Amnistía Internacional, la asociación civil Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE) y la organización Conferencia del Consorcio Internacional del Aborto con Medicamentos (CLACAI) llevan adelante una campaña llamada “Niñas, no madres”.
 
“Actualmente en Latinoamérica miles de niñas menores de 15 años sufren violencia sexual y son obligadas a ser madres, lo que representa un grave problema de salud pública y de derechos humanos. Las consecuencias que enfrenta una niña son físicas, emocionales y sociales”, dice en la web de la campaña.
 
 
Niñas, no madres” sentencia que “una niña víctima de violencia sexual, que además resulta embarazada tiene que enfrentar una realidad sombría: no tendrá acceso a servicios integrales de salud sexual y reproductiva, se verá forzada a ser madre siendo niña, su salud física y emocional estará en riesgo durante el embarazo, así como durante y después del parto, y preservará su círculo de pobreza y marginación en el que muy probablemente vive, ya que la maternidad precoz suele interrumpir la educación de la niñas y por consiguiente su potencial económico”.
 
Esta campaña deja ver que, en estos casos, los derechos de las niñas son vulnerados, tanto en su autonomía como en su dignidad. Su presente y su futuro cambian radicalmente y rara vez eso sucede para bien, debido a que generalmente deben abandonar su educación, caen sus perspectivas de trabajo, algo en lo que a tan temprana edad ni siquiera piensan, y crece su vulnerabilidad frente a la pobreza, la exclusión y la dependencia.
 
Retomando el informe de UNICEF, una de las conclusiones a las que llega se refiere a que “el embarazo infantil forzado no es buscado, produce angustia y temor y resulta del desconocimiento por parte de estas niñas de las consecuencias de la actividad sexual o cuando, conociéndolas, no pueden hacer nada para prevenirlas”.
 
“El abuso sexual en la infancia ocurre mayormente dentro de las familias y se oculta o se naturaliza. Hay que hacer un trabajo de sensibilización muy fuerte para desnaturalizarlo”, señala el estudio y, con esta afirmación, llega a otra conclusión: “Resulta preocupante la naturalización de las situaciones de acoso y coerción por parte de las adolescentes así como las actitudes de descreimiento, ocultamiento y culpabilización por parte de sus familias... En determinados contextos, las adolescentes y sus familias no cuentan con herramientas para identificar y comunicar a los organismos del Estado las situaciones de abuso sexual”.
 
Además, UNICEF desmitifica un pensamiento de un sector de la sociedad: “Es un mito pensar que las nenas buscan estos embarazos y que los viven con felicidad. Es una violación a sus derechos. Es un momento de su vida en el que tendrían que estar en la escuela. Ser madres a esa edad no es algo bueno para su salud física ni psíquica”.
 
En un estudio llamado “Niñas madres. Balance Regional embarazo y maternidad infantil forzados en América Latina y el Caribe”, el Comité de América Latina y el Caribe para la Defensa de los Derechos de las Mujeres (CLADEM) también hace hincapié en la violación: “La mayoría de los casos de embarazos infantiles aparecen como producto de violencia sexual ejercida por integrantes de la familia (abuso sexual incestuoso), conocidos, vecinos o extraños”.
 
 
“El embarazo infantil forzado tiene lugar cuando una niña (para este estudio, menor de 14 años) queda embarazada sin haberlo buscado o deseado y se le niega, dificulta, demora u obstaculiza la interrupción del embarazo”, dice este estudio y aclara que “el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional (CPI) considera al embarazo forzado como crimen de lesa humanidad (Artículo 7, inciso 2) f) o como crimen de guerra (Artículo 8), dependiendo del contexto y las características. Para la CPI existe tal crimen cuando haya ‘confinamiento ilícito de una mujer a la que se ha dejado embarazada por la fuerza’”.
 
En este sentido, el CLADEM asegura que “obligar a una niña que no ha terminado de crecer a llevar a término un embarazo, ser madre y criar a un bebé debe ser considerado tortura o trato cruel, inhumano y degradante, según los casos, en los términos de la Convención de la Tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes y del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos”.
 
Habla también de las consecuencias del embarazo infantil. En cuanto a la salud física, señala “el escaso desarrollo debido a la edad, ya que la niña aún está en edad de crecimiento. La placenta se nutrirá de la madre, que en realidad es una niña. Eso significa que el feto en desarrollo absorberá calcio y otros nutrientes de una niña que todavía los necesita para sí misma (...) Las niñas sometidas a un parto natural pueden tener trabajo de parto durante varios días. La pelvis no crece por completo hasta más avanzada la adolescencia, lo que significa que las nenas pueden no ser capaces de empujar al bebé a través del canal de parto. Otras consecuencias son anemia, nauseas/vómitos, infecciones urinarias o vaginales, así como complicaciones más severas, entre ellas, preeclampsia-eclampsia, ruptura de membranas y parto prematuro”.
 
En relación a la salud mental, habla de que “una proporción importante de niñas que dieron a luz informaron síntomas de depresión, ansiedad y, en particular las que fueron atacadas sexualmente, de estrés post-traumático”.
 
Sobre las consecuencias sociales y económicas, este estudio también se refiere a que “muchas niñas que quedan embarazadas tienen que abandonar la escuela. Las niñas que son violadas y quedan embarazadas son más propensas a abandonar la escuela y vivir en la pobreza”.
 
Por último, el CLADEM se refiere a que “el riesgo de muerte materna para las madres menores de 15 años en países de bajos y medianos ingresos es el doble que el de las mujeres de más edad; y se enfrenta a mayores tasas de fístula obstétrica (lesión del parto) que sus compañeras de más edad”.
 
 
Sobre este punto, el informe de UNICEF explica que “el 15% de los partos en Argentina son de adolescentes, lo que es una cifra muy alta, y que en algunas provincias llega al 25%”. De ese porcentaje, “alrededor de 3.000 son de niñas, que en la mayoría de los casos han sido víctimas de abuso, porque a esa edad hay abuso de poder”.
 
En conclusión, la situación de las niñas-madre revela la violencia sexual y la cosificación de las nenas (y de la mujer en general) por parte de los varones adultos, incluyendo a los de su entorno familiar y social.
 
Asimismo, existe una cultura de estigmatización hacia las niñas embarazadas y hacia las niñas-madre. Se señala a las nenas, acusándolas de seducir a los adultos y de provocar las situaciones que terminan en una violación, cuando lo que sucede en realidad es al revés: los adultos son los responsables de los abusos.
 
Por último y de acuerdo con el informe del CLADEM, “se deben incorporar como delitos tanto el embarazo infantil forzado como la maternidad infantil forzada a los códigos penales, sancionando a todas aquellas personas que impidan, obstaculicen o demoren la toma de decisiones informada por parte de la niña, cuando ésta esté en condiciones de formarse un juicio propio”.
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