Domingo, 4 Enero, 2015
Banksy es un artista callejero británico, del cual no se conoce mucho más que sus obras. Comenzó su carrera en la década del 90 en Bristol, conocida como la capital mundial del grafiti. Entonces, era parte de un colectivo de artistas que pasaban sus días intentando plasmar sus obras sin ser arrestados. 
 
Sus murales se convirtieron en íconos británicos, a la altura de los colectivos de dos pisos, los taxis negros y las cabinas de teléfono rojas. Sus provocativos grafitis adornan las paredes de decenas de ciudades en el Reino Unido, Australia, Francia, Estados Unidos y Canadá. En 2010, la revista Time lo incluyó en la lista de las 100 personas más influyentes del mundo. Cuando le pidieron que enviara una foto, mandó una de un hombre con una bolsa de papel en la cabeza.
 
 
Los críticos de arte dicen que su personalidad es parte de lo que hace a su obra única. Pero mientras multimillonarios de la talla de Brad Pitt, Kate Moss y Christina Aguilera han pagado cientos de miles de dólares por el privilegio de colgar un grafiti arrancado de una pared en sus casas, otros no permiten que los famosísimos murales sean vistos por más de unas horas. Precisamente eso ocurrió en marzo de 2008, cuando un mural que mostraba a un nene pintando un cartel que decía "Toma esto, sociedad" en el centro de Londres, fue tapado casi inmediatamente por orden de las autoridades locales.
 
Pero Banksy tiene un problema. Todo lo que se diga de él es imposible de confirmar. Y mientras sus obras adornan las principales capitales del mundo, la especialidad del genio del aerosol parece tener menos que ver con la pintura y más con su naturaleza escurridiza. Encontrarlo es casi tan difícil como saber con certeza si sus obras son, efectivamente, suyas.
 
 
 
 
Banksy no da entrevistas. Tal vez por eso, el periodista Keegan Hamilton, del periódico gratuito Village Voice de Nueva York, no creyó que aquel famoso mensaje que recibió en octubre de 2013 fuera más que una broma. El correo electrónico, titulado "confidencial", ofrecía lo que todos querían: una entrevista con el artista, aunque resultó siendo una serie de intercambios esporádicos de mensajes donde los periodistas insistían en hacer preguntas y el artista respondía lo que quería. El grafitero accedió a dar su visión sobre un tema que en general evita, pero sobre el que todos le preguntan: la dicotomía entre arte y éxito comercial. "Creo que el éxito comercial es una falla para un grafitero. Obviamente la gente necesita ganar dinero. Pero es complicado porque se siente que cada vez que haces dinero de una obra que pusiste en la calle, haces que eso se transforme mágicamente en una forma de publicidad", dijo al Village Voice. Cuando la nota salió publicada, los criticos de Banksy no tardaron en decir que la persona detrás de los famosos murales no es más que un egocéntrico que encontró en el anonimato la mejor forma de publicidad.
 
Pero Banksy dice que el único secreto de su éxito es la dedicación absoluta que le brinda a su arte. Como se lee en su sitio web: "Lo mejor, y lo peor, del arte callejero es que cometes tus errores en público". O al menos creemos que fue él quien lo dijo, o ella o ellos.
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