San Francisco Solano: viaje a la necrópolis, recuerdos y búsqueda de su renacimiento
Lo que nació en 1913 como un proyecto higienista en las afueras de Resistencia es hoy un testimonio vivo incrustado en el corazón de la urbe.

El Cementerio San Francisco Solano, originalmente llamado "Cementerio del Oeste", atraviesa un proceso de modernización que busca rescatar su patrimonio arquitectónico y dignificar tanto a los que descansan allí como a quienes trabajan en su mantenimiento.
UN GIGANTE EN EL CENTRO DE LA CIUDAD
La transición hacia la actual necrópolis fue un proceso planificado por el Concejo Municipal de la época, integrado por Augusto Schurr, Manuel Varela, Francisco Gualtieri y Julio G. Posse. Estos visionarios emitieron la Ordenanza Municipal el 28 de diciembre de 1912 con un doble propósito: clausurar el antiguo "Cementerio del Norte" para transformar ese predio en lo que hoy es el Parque de Febrero y habilitar el nuevo "Cementerio del Oeste", que abrió sus puertas el 7 de mayo de 1913. El diseño original respondía a las teorías higienistas del siglo XIX, que buscaban alejar los focos de infección de las áreas pobladas, aunque el crecimiento de la ciudad terminó por rodear el predio.

La consolidación física del cementerio se dio por etapas: comenzó con la compra de 5 hectáreas a Ralbino Soto en 1911 por un valor de 6.000 pesos. Ya en su trazado inicial de 1912, se estableció una división simbólica y cultural importante, reservando la fracción noreste para la comunidad israelita, representada por la Sociedad Israelita Latina Hessod Vehenet del Chaco. Con las ampliaciones de 1947, motivada por el traslado de restos desde el Parque de Febrero y la de 1970 para el sector de nichos, el predio alcanzó sus 10 hectáreas actuales.

Lidia Miño, actual directora general del cementerio, relata cómo el crecimiento urbano cambió la fisonomía del lugar: "El cementerio fue creado en 1913. Cuando fue creado esta zona no estaba poblada... después se fue poblando y el cementerio quedó en el centro". Hoy, las 10 hectáreas de superficie están rodeadas de barrios, convirtiéndose en el cementerio más amplio de la región.
"Actualmente se encuentra ya rodeada de barrios y quedó el cementerio en el medio del predio", explica Miño, destacando que en sus inicios se construyeron panteones con una "arquitectura única" que hoy son considerados un patrimonio provincial invaluable por sus lápidas y mármoles traídos de diversos lugares.

EL DESAFÍO DEL COLAPSO Y EL VALOR DEL PATRIMONIO
A pesar de su majestuosidad, el cementerio enfrenta una realidad diferente. Miño es contundente: "Como es de conocimiento público, actualmente se encuentra colapsado porque no existe un espacio libre para construir para construcciones". Con más de 100,000 fallecidos registrados, el predio funciona como una "ciudad dentro de otra ciudad" que incluso replica la estructura de centro y periferia de la Resistencia de los vivos.
ARQUITECTURA COMO TESTIMONIO DE IDENTIDAD
El paisaje del cementerio no es uniforme; se divide en zonas que reflejan la evolución social de la ciudad. Cerca de los accesos se encuentran los panteones de estilo neoclásico, ecléctico e historicista, donde la arquitectura moderna predomina como un reflejo de la propia Resistencia. Un ejemplo destacado es el Panteón de la familia Rossi, una obra monumental con cúpula diseñada por Bruno Delmónico,el primer arquitecto radicado en la ciudad y autor de edificios emblemáticos como la Sociedad Rural. Este monumento honra a Juan María Rossi, pionero de la industria algodonera y fundador del aserradero La Liguria.

Otro hito histórico es el Panteón de la familia Lagerheim, ubicado cerca del acceso peatonal. Aunque de líneas más sencillas y clásicas, su valor reside en albergar los restos de Gustavo Lagerheim, un inmigrante sueco que llegó en 1881 y se convirtió en una figura clave para el desarrollo regional al impulsar la industria del quebracho, la construcción del ferrocarril rural entre Puerto Tirol y Barranqueras, y la creación del Banco Popular.
Hacia el fondo, el paisaje se vuelve más sencillo, con calles de tierra que Miño describe como el sector de sepulturas o tumbas en tierra.

GESTIÓN, COSTOS Y ROL SOCIAL
La operatividad del cementerio depende de especificaciones técnicas y sociales que Miño detalla con precisión. "El ingreso de un fallecido determina el ataúd. Si la persona adquiere un ataúd sin caja metálica, es para tierra; y con caja metálica es para bóveda, nicho o panteón", aclara la directora. En cuanto a los costos, el ingreso tiene un valor de 12,000 pesos, pero la gestión ofrece una flexibilidad humana: "El contribuyente lo puede abonar en la semana o cuando cobre su sueldo".
Además, el cementerio cumple un rol social fundamental para quienes no tienen recursos: "La persona que no tiene recursos económicos, que no cuenta con obra social, tiene el servicio todo gratuito en el cementerio", incluyendo el uso de salas velatoria gratuitas en la calle 3.

MODERNIZACIÓN
Actualmente se está ejecutando una reforma integral para actualizar una infraestructura que, en gran parte, databa de 1913. La prioridad de Lidia Miño ha sido el bienestar del personal municipal: "El personal hace un trabajo en la playa que con 50 grados de calor... la ropa de ellos se impregna de olor y todo eso, entonces necesitaba tener estas condiciones que, gracias a Dios, le han dado ahora como para cambiarse de ropa y estar mejor".
Las obras incluyen:
Seguridad: Instalación de cámaras y muros anti-vandálicos, ya que, según Miño, "los muros quedaron bajos para lo que es el cementerio hoy en día".
Digitalización: Una nueva oficina con escáneres especializados para volcar a formato digital los archivos antiguos que hoy solo existen en libros físicos.
Infraestructura: Renovación total de la instalación eléctrica, iluminación y creación de patios internos para ventilación natural.
Este proceso de modernización trasciende la mejora estética; es un esfuerzo por rescatar del olvido los sueños de los pioneros inscritos en la arquitectura del predio. Al dignificar el último adiós y las condiciones de sus trabajadores, el cementerio San Francisco Solano deja de ser un simple "dormitorio" de los muertos para consolidarse como un espacio de memoria viva y reencuentro cultural para las futuras generaciones de Resistencia.


