El secreto detrás de la medalla N° 1 que el perro Fernando llevaba en su cuello
Un recorte de diario de la época revela cómo el can más famoso de Resistencia se convirtió en el "primer perro civilizado" de la ciudad al inaugurar la campaña de vacunación antirrábica hace más de 50 años.

El perro Fernando es una de las leyendas urbanas más queridas de Resistencia y un símbolo indiscutido de la identidad chaqueña. Su historia atravesó generaciones y todavía hoy sigue despertando curiosidad entre vecinos y turistas. Pero hay un detalle que muchos conocen y pocos saben la medallita con el número 1 que llevaba colgada en el cuello.
Detrás de ese pequeño objeto se esconde una historia que une a Fernando con la primera campaña de vacunación antirrábica realizada en Resistencia, hace más de cinco décadas.

Según registros de la época, Fernando fue el primer perro en acercarse a recibir la vacuna antirrábica impulsada por el veterinario Andreu Serenamente. Lo más llamativo es que nadie lo llevó ni fue llegó solo y, sin resistirse, recibió la aplicación frente a vecinos y autoridades.
A partir de ese episodio, el perro fue distinguido con la medalla número 1 y nombrado oficialmente como el primer "Perro Civilizado de Resistencia".
Un antiguo recorte periodístico de aquellos años relataba el hecho con admiración. "Fernando es el prototipo del caballero entre los de su especie", describía la nota, que también señalaba que el animal "concurrió por propia decisión a hacerse vacunar".

En ese contexto, la campaña antirrábica tenía un fuerte impacto social debido a casos recientes de rabia registrados en la ciudad. Por eso, Fernando terminó convirtiéndose también en un símbolo de concientización sanitaria.
El emblemático perro blanco y lanudo recorría las calles de Resistencia durante las décadas de 1950 y 1960 y era cuidado colectivamente por toda la comunidad. Habitaba bares, oficinas públicas, espacios culturales y era conocido por acompañar artistas, músicos y vecinos en distintos puntos de la ciudad.

Fernando murió el 28 de mayo de 1963 tras ser atropellado frente a la Casa de Gobierno. Su despedida quedó marcada como uno de los entierros más multitudinarios en la historia de Resistencia.
Actualmente, sus restos descansan en el Fogón de los Arrieros y su memoria continúa viva a través de esculturas, relatos populares y pequeñas historias como la de aquella medalla número 1, que terminó convirtiéndose en otro símbolo eterno del perro más famoso de la capital chaqueña.
