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Miércoles 20 de Mayo, 2026
 
 
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El rio como testigo

La vocación de salvar y el lado humano de los rescates de Prefectura

Buzos, bomberos y nadadores de la estación de Barranqueras cuentan cómo se vive un operativo desde adentro, el peso emocional de los rescates y la vocación que los sostiene lejos de sus familias.

En la base de la Prefectura Naval Argentina en Barranqueras, el silencio puede romperse en segundos. Un aviso, una sirena, una puerta que se abre y el protocolo se activa sin titubeos. Para quienes están de guardia en la Estación de Salvamento, Incendio y Protección Ambiental (SIPA), no hay margen para la duda: el tiempo de respuesta es inmediato, aunque el río imponga sus propias reglas.

El oficial ayudante Tomás Daniel Pinto lo resume con naturalidad: "Cuando se toma conocimiento, se avisa a todo el personal, se prepara el equipo y salimos". A su lado, el ayudante segunda Felipe Federico Ibarra, buzo, bombero y nadador de rescate, agrega que no importa si se trata de una embarcación en problemas o de una persona que se arrojó al agua: "El procedimiento inicial es el mismo, localizar la emergencia".

La escena, sin embargo, nunca es igual. Debajo del puente, en el canal, la corriente puede superar los dos nudos y hacer imposible el buceo. Muchas veces solo queda el avistaje con luz diurna. Otras, el ingreso al agua con traje de neopreno, aletas y el equipo mínimo para una primera salida de dos rescatistas.

EL VERDADERO DESAFÍO EMPIEZA CUANDO EL BUZO DESCIENDE

En esta jurisdicción, el buceo se realiza con visibilidad nula. No hay referencias, no hay luz, no hay horizonte. Todo es al tacto. "Uno baja y no ve nada. Va con la mano abierta, palpando. Puede encontrarse con un hierro, un palo, basura… o directamente con el cuerpo", describe Ibarra, sin dramatismo, como quien aprendió a convivir con lo más crudo de su tarea.

El ayudante José Ojeda, también buzo y bombero, explica el equipamiento que utilizan. Entre ellos, una máscara de provisión de aire desde superficie que permite comunicación constante con quienes están arriba. "Esa comunicación es clave. El buzo nunca está solo: arriba hay un buzo de seguridad listo para bajar si algo pasa".

La profundidad tiene límites. Más de 30 metros implica riesgos de narcosis y exige cámaras de descompresión. Cada descenso se evalúa según la corriente, el clima, el frío y hasta el estado físico del rescatista.

"El buzo también corre riesgo de vida", remarcan. Y por eso, cada dos años, deben pasar exámenes médicos y psicológicos que determinan si siguen aptos para la tarea.

En los últimos años, advierten, crecieron los casos de personas que deciden arrojarse al agua. En paralelo, disminuyeron los accidentes náuticos gracias a la prevención y al uso más extendido del chaleco salvavidas.

CUANDO EL AVISO ES POR ALGUIEN QUE SALTÓ, EL OPERATIVO TIENE OTRA CARGA

"Después del rescate, si la persona está con vida, se llama a emergencias y pasa a evaluación médica. Pero también necesita contención", señala Pinto.

El ayudante de segunda Roberto Costa, buzo, bombero, nadador de rescate y chofer de autobomba, explica que el trabajo no se limita a las emergencias: controles a camiones con mercancías peligrosas en el puerto, inspecciones, tareas logísticas, mantenimiento del equipamiento y entrenamiento físico permanente. "No todos los días suena la sirena, pero todos los días nos preparamos para cuando suene".

El peso emocional aparece en cada relato. "Dejamos mucho de nosotros en cada evento. No es solo físico, también es emocional. Si un compañero no está bien anímicamente, no baja. Lo hablamos. Nos cuidamos entre nosotros", cuentan.

Gran parte del personal proviene de otras provincias. Viven meses o años lejos de sus familias. Extrañan lo cotidiano."Lo que nos sostiene es el compañerismo y la vocación de servicio", coinciden.

El ayudante de primera Cristian Alberto Herrera, con 27 años dentro de la fuerza, aporta otra mirada desde la logística y los recursos humanos: "Trabajar en Prefectura es un orgullo. Nos aleja de la familia, pero nos da la satisfacción de servir. La gente reconoce nuestro trabajo desde lo humano".

Desde su experiencia, dejan un mensaje claro para quienes atraviesan momentos límite: "Que valoren su vida. Que pidan ayuda. A un amigo, a un familiar, a cualquier fuerza. Nadie los va a dejar solos".

Y mientras hablan, el equipo está listo. Porque en cualquier momento, el silencio puede volver a romperse.

CÓMO SUMARSE A LA FUERZA

Casi al final de la charla, y ya lejos del dramatismo de los rescates, explican que la Prefectura mantiene abierta la inscripción para postulantes a cadetes y suboficiales.

Los requisitos básicos son ser argentino nativo o por opción, mayor de 18 años y tener el secundario completo. La inscripción se realiza de manera online a través del sitio oficial de la fuerza:

Prefectura Naval Argentina – Ingresos 

"Trabajar en Prefectura es un orgullo. Nos aleja de la familia, pero nos da la satisfacción de servir", resumen.

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