El peronismo chaqueño, entre la unidad forzada y las cuentas pendientes
El adelantamiento electoral, la interna sin saldar y dos elecciones ajustadas marcaron un 2025 clave para el PJ provincial.

El peronismo chaqueño inició su calendario electoral 2025 varias semanas antes de lo previsto y con más sorpresa que planificación. El 18 de diciembre de 2024, el Poder Ejecutivo provincial firmó el Decreto 2527, que convocó a elecciones legislativas provinciales para el domingo 11 de mayo, adelantando al menos cuatro meses una convocatoria que, por tradición, se esperaba para septiembre.
La decisión del gobernador Leandro Zdero no solo modificó el cronograma electoral, sino que alteró por completo la dinámica política de la oposición. Con plazos extremadamente ajustados, 11 de marzo para la presentación de alianzas y 22 de marzo para listas de candidatos, el peronismo se vio obligado a armar su estrategia contra reloj, sin tiempo real para procesar debates internos ni saldar diferencias acumuladas desde la derrota de 2023.
La sensación predominante dentro del PJ fue la de una fuerza política que debió "salir de la cama y vestirse mientras caminaba", improvisando acuerdos sobre la marcha y dejando al descubierto la escasa articulación previa entre sus distintos sectores.
Números que dejaron heridas
Los resultados del 11 de mayo son conocidos, pero siguen siendo centrales para entender el proceso político posterior. La lista respaldada institucionalmente por el Consejo Provincial del PJ, Frente Chaco Merece Más, encabezada por Jorge Capitanich, obtuvo 173.302 votos, equivalentes al 33,66%, lo que le permitió acceder a seis bancas en la Legislatura.
El oficialismo provincial, en tanto, alcanzó 235.052 votos (45,65%) y se quedó con ocho escaños, consolidando una ventaja clara en términos de representación.
Sin embargo, el dato político más relevante de esa elección fue el desempeño del Frente Primero Chaco, que cosechó 58.719 sufragios (11,40%) y obtuvo dos bancas, ocupadas por Atlanto Honcheruk y Magda Ayala, ambos dirigentes de extracción peronista.
Ese resultado alimentó la lectura interna de un empate político 8 a 8 entre oficialismo y oposición, pero también abrió una discusión mucho más profunda: cuánto había perdido el peronismo por no haber logrado una lista de unidad real.
Magda Ayala y el límite a la "unidad administrada"
Durante febrero y marzo, dirigentes cercanos a Capitanich mantuvieron múltiples reuniones con Magda Ayala, por entonces intendenta de Barranqueras, para intentar sumarla a un armado común que también incluía a figuras como Domingo Peppo y Gustavo Martínez.
Ayala, sin embargo, no negociaba en soledad. Detrás de su figura se había consolidado un espacio de intendentes peronistas que, desde diciembre de 2023, debieron gobernar municipios con administraciones provinciales y nacionales de signo político contrario, obligados a construir consensos para sostener la gestión local.
Cuando Ayala evaluó que el lugar ofrecido a su sector no reflejaba ese peso territorial, trazó un límite y decidió sostener su propio frente. Los resultados electorales terminaron validando esa decisión: fue el espacio que mejor capitalizó votos fuera del esquema oficial del PJ. A partir de allí, comenzó un "operativo seducción" para revertir esa fragmentación de cara a las elecciones nacionales de octubre.
Participación histórica baja y pases de factura
Más allá del reparto de bancas, la elección del 11 de mayo dejó otro dato inquietante: el nivel de participación más bajo desde 1983. De un padrón de 1.012.034 personas, solo votaron 527.223, lo que representa apenas el 52,09%.
Este dato encendió alarmas dentro del peronismo, donde comenzaron las miradas cruzadas y los reproches sobre la real capacidad de movilización de cada sector. La derrota no solo fue numérica: expuso una pérdida de hegemonía territorial, con la lista encabezada por Capitanich quedando a más de 12 puntos porcentuales del espacio que respaldaba al gobernador Zdero.
Entre mayo y octubre: el "operativo retorno"
El escenario nacional cambió de manera acelerada entre mayo y octubre. La economía atravesó nuevos sacudones, el Congreso se convirtió en un campo de batalla permanente y el presidente Javier Milei avanzó con vetos sistemáticos a leyes aprobadas por ambas cámaras.
En ese contexto, el peronismo chaqueño vio una oportunidad. La consolidación de la alianza entre Nación y Provincia bajo el sello La Libertad Avanza encendió expectativas de una elección competitiva. Encuestas propias reforzaron ese optimismo y reinstalaron una consigna conocida: sin unidad, no hay victoria.
Las negociaciones se intensificaron y, según relatan dirigentes al tanto del proceso, una reunión clave se habría realizado en el departamento de San José 1111, desde donde Cristina Fernández de Kirchner sigue ejerciendo influencia estratégica sobre el peronismo nacional.
Finalmente, Magda Ayala aceptó integrar la lista "troncal" como candidata a senadora en segundo lugar, acompañando a Capitanich, con un objetivo claro: retener las dos bancas del PJ en el Senado y consolidar un liderazgo con proyección hacia 2027.
Riesgos asumidos y rupturas expuestas
La decisión no estuvo exenta de advertencias. Algunos dirigentes señalaron que Ayala volvía a asumir un riesgo elevado: si en mayo ya había jugado al límite, en octubre ponía nuevamente todo en juego, siendo prácticamente la única con algo concreto que perder.
Mientras tanto, la unidad mostraba fisuras. Se inscribieron espacios por fuera del armado principal, como el Frente Integrador de Juan Carlos Bacileff Ivanoff, Nueva Etapa – Proyecto Sur, con Fabricio Bolatti, y el frente Vamos Chaco, encabezado por Eduardo Aguilar y Claudia Panzardi, entonces presidenta del Congreso Provincial del PJ. Estas rupturas reavivaron viejas heridas internas que nunca terminaron de cerrarse tras la derrota de 2023.
Una elección definida por 3.447 votos
El 26 de octubre, con la implementación de la Boleta Única de Papel y una elección de mayor escala, tres senadores y cuatro diputados nacionales, el resultado fue extremadamente ajustado. El escrutinio definitivo arrojó una victoria mínima para La Libertad Avanza, con 291.956 votos, frente a los 288.509 de Fuerza Patria, una diferencia de apenas 3.447 sufragios. La cercanía del resultado permitió que la noche electoral no fuera completamente amarga para el peronismo. Capitanich pidió esperar el escrutinio definitivo y, puertas adentro, se abrió una nueva etapa de análisis sobre movilización, armado territorial y el impacto real de las divisiones internas.
Un capital político que sigue en disputa
En términos concretos, el peronismo chaqueño no perdió su base electoral, conserva liderazgo y estructura, pero enfrenta un dilema central: cómo transformar votos en poder institucional sostenido. Los números son elocuentes: 33,66% en mayo y un virtual empate técnico en octubre muestran una provincia profundamente dividida, donde cada decisión estratégica puede inclinar la balanza.
La pregunta que queda abierta es si el PJ logrará recomponer mayorías provinciales sin profundizar sus fracturas internas, una definición que no solo marcará el rumbo hacia 2027, sino también su rol en la política nacional en los meses que vienen.
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