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Mariana Colman

Periodista

"Yo dije algo lindo": el acoso callejero una violencia invisibilizada que las mujeres sufren

El acoso callejero es un tipo de violencia que lamentablemente el 97% de las mujeres argentinas sufren en los ámbitos púbicos que frecuentan en su vida cotidiana.

Imagen ilustrativa

¿Qué es el acoso sexual callejero? El acoso callejero es un tipo de violencia contra las mujeres que se da en los espacios públicos, según establece el gobierno nacional, la misma es mediante acciones físicas o verbales con contenido sexual contra una persona que no quiere participar de esas acciones.

Mediante una encuesta realizada por la Fundación para el Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), se pudo saber que el 97% de las mujeres han sufrido acoso callejero y la gran mayoría de las encuestadas comenzaron a padecer estas situaciones desde los 13 años.

Este 97% no es solo una cifra, es la representación de lo que las mujeres viven diariamente cuando salen a la calle, rumbo a su colegio, a su actividad o a su trabajo.

Este tipo de violencia es uno de los que más invisibilizados en nuestra sociedad, ya que muchas veces se lo hace pasar por un "piropo", el cual se lo define como una "palabra o expresión de admiración, halago o elogio que se dirige a una persona".

"Solo dije algo lindo", es la frase con la cual muchas veces se trata de encubrir este tipo de violencia, el hombre debe reservarse la opinión cuando la mujer no se la está pidiendo.

Fallo histórico

En el caso de la ciudad de Resistencia recientemente, más precisamente en el mes de mayo, se dio un fallo histórico en el que un hombre de 31 años fue condenado a 10 días de arresto, por cometer una infracción al artículo 6 del Código de Faltas.

La jueza de faltas, Marcela Cortés, fue quien dictaminó la sentencia luego de que la madre de una de las víctimas realizará la denuncia.

El caso en cuestión sucedió en el mes de enero, un hombre que hoy tiene 31 años, siguió en la vía pública a dos adolescentes de 16 y 17 años respectivamente, y durante su persecución, les decía "piropos" y también las llamaba para ir hacía algún lugar. Las dos mujeres ingresaron a una heladería para sentirse más seguras y poder así escapar del hombre.

Sobre el hecho, en diálogo con Diario TAG, Marcela Cortés, resaltó que es una "sentencia aleccionadora o educadora", debido a que muchas veces desconocen que los mal llamados piropos es acoso callejero.

 

"Creo es fundamental de que se sepa cuanto daño ocasiona a las víctimas, estas conductas son invisibilizadas, toleradas y no son condenadas o juzgadas", añadió.

 

Asimismo, sobre el caso explicó que fue uno de los primeros y de los más antiguos, por lo que pudieron ir recabando más pruebas luego de que la madre de la víctima realizará la denuncia.

Sobre el proceso también comentó que se tomó testimonial a las víctimas y se recabaron varias pruebas. "El acoso callejero tiene la particularidad que se dan en lugares aislados o en la vía pública al pasar, entonces no se puede contar a veces con muchas pruebas", sentenció.

En esta línea habló sobre cómo toma la sociedad este tipo de casos y manifestó que "no se dimensiona" por que "nadie se pone en el lugar de la víctima".

"Es una sensación desagradable lo que siente la mujer cuando va caminando por la calle, porque uno va pensando en lo que tiene que hacer y recibís un bocinazo, un silbido o que te tiran besos", finalizó Cortés.

Dónde denunciar

La jueza de faltas, Marcela Cortés, invitó a las mujeres víctimas de acoso callejero a denunciar para que de esa manera se pueda comenzar una investigación.

La misma se puede realizar en cualquier comisaría o en el mismo juzgado de faltas, en el interior también en los juzgados de falta. "Las penas pueden ser de hasta 30 días de arresto o cinco salarios mínimo vital y móvil", aclaró.  

Antes de finalizar, destacó que hasta el momento tienen unas 25 denuncias de este tipo, las cuales se encuentran en etapa investigativa y recolección de pruebas.

Este tipo de casos deben ser el punto inicial para comenzar a tener conciencia porque la existencia del acoso callejero nos cambia la manera de vestir, el recorrido que hacemos y hasta la forma en la que vamos en el colectivo.

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